Cómo dejar de buscar aprobación: la única que vale es la tuya
Dejar de buscar aprobación no es volverte frío ni dejar de escuchar a los demás: es cambiar de juez. En ManLab lo decimos así: la única aprobación que realmente vale la pena es la tuya. Si no te apruebas, la aprobación del mundo entero no te llena; si te apruebas, el rechazo de otros no te tumba.
Izahí Santana agrega una idea que lo cambia todo: la gente no te trata por cómo eres ni por cómo te ves, te trata por cómo te percibes a ti mismo. Por eso el trabajo no está afuera, en convencer a nadie. Está adentro.
¿Qué es la necesidad de aprobación?
Es decidir lo que haces, dices o publicas en función de lo que otros van a pensar. Comprar algo porque está de moda, quedarte con alguien que no te conviene, callar tu opinión en una junta, no tomar un trabajo «porque mi mamá se pondría triste». Izahí lo llama dejar que el ruido de otros se meta en tu voz interna: confundes la voz de los demás con la tuya.
No es un defecto de carácter. Muchos aprendimos de niños que portarnos bien y dar gusto traía cariño. El problema es seguir operando así de adulto.
La paradoja: querer caer bien te hace caer mal
Querer encajar y que te vean de cierta manera ya es, en sí, una inseguridad. Y la ironía es esta: quererle caer bien a los demás hace que no les caigas bien. Nadie respeta al que siempre está quedando bien, al del favorcito, al que se ríe antes de terminar su propio chiste. La preocupación por agradar se nota y aleja.
Izahí Santana lo resume en una observación sencilla: lo que más admiramos de alguien es que no le importe lo que los demás piensen de él. Si te fascina esa gente, hazlo tú también. Y toma menos esfuerzo no tener juicios que generarlos.
Esto conecta con el carisma: no existe una persona carismática que no esté cómoda consigo misma. El que anda incómodo se nota tenso, a la defensiva, buscando aprobación. El carisma no se finge desde afuera; nace de estar en paz contigo.
¿Qué ventaja te da el qué dirán?
Izahí hace una pregunta que casi nadie sabe contestar: ¿qué beneficio te trae preocuparte por lo que los demás piensan de ti? Nadie ha llevado una vida exitosa y feliz preocupado por la opinión ajena, ni siquiera la de sus papás. Si no le encuentras la ventaja, deja de pagar el costo.
Y el costo es alto. En palabras de Izahí: cada día que vives dependiendo de la aprobación de los demás es un día menos de vida, no un día más. No estás sumando días; estás gastando los que tienes en complacer a otros.
«La mayoría de la gente está más preocupada de lo que tú piensas de ellos, que de lo que ellos piensan de ti.»
Cómo dejar de buscar aprobación: 6 pasos
- Ponle nombre a «la gente». Cuando sientas que «la gente» te va a juzgar, pregúntate: ¿quién?, ¿cómo se llama? Casi siempre son desconocidos que en cinco minutos ya te olvidaron. Cuando le pones cara y nombre, descubres que no hay nadie ahí deteniéndote más que tú.
- Dimensiona tu público real. En tu día interactúas de verdad con unas cuantas personas. Aun así, muchos le entregan su estado de ánimo a los likes de desconocidos que jamás van a pisar su vida. Publica para expresarte, no para quedar bien.
- Haz el experimento contrario. Izahí lanza este reto: intenta un mes darle gusto a todos, hacer exactamente lo que esperan de ti. Y luego pregúntate si te ves feliz. La respuesta te la va a dar tu propia experiencia.
- Di lo que piensas, con respeto. Una opinión propia, dicha con calma aunque no guste, te marca más que mil acuerdos tibios. Empieza por desacuerdos pequeños: un restaurante, una película, un punto en el trabajo.
- Llena tu cuenta interna. Izahí usa la imagen de alguien con diez billones en el banco: si le rayan el coche que prestó, no le importa, compra otro. Así funciona la autoestima sólida: lo que otros te den o te quiten no te mueve. Se llena cumpliendo tu palabra contigo todos los días.
- Prueba tu cambio donde no te conocen. Cuando estás mejorando, practica en lugares nuevos. Al volver con quienes te conocieron antes, es fácil reflejarte en la vieja imagen que tienen de ti y retroceder.
«Las creencias se rompen con evidencias.»
Ese es el principio detrás de los pasos: la creencia de que todos te están juzgando no se rompe pensando, se rompe acumulando experiencias donde actuaste y no pasó nada grave. Es lo mismo que funciona con el miedo al rechazo.
¿Dejar de buscar aprobación es volverse egoísta?
No. Escucha la experiencia de quien te importa, pero la decisión final es tuya. Izahí lo plantea así: mejor que te vaya mal siendo tu decisión que bien siendo la de otro. Si eliges la carrera o la vida que alguien más eligió por ti y fallas, cargas con la culpa; y si te va bien, el mérito es de ellos.
Además, quedarte quieto por el qué dirán no ayuda a nadie. No tomar el trabajo o no mudarte «para no hacer sentir mal a alguien» no es generosidad: es mediocridad disfrazada de sacrificio. Lo mejor que puedes hacer por tu familia, tu pareja y tus amigos es mejorarte como persona. Nada les sirve más, y nada te sirve más a ti.
Tampoco se trata de volverte el «más» de nadie. Ser hombre no requiere compararte. La cultura de proclamarse superior depende justamente de la aprobación y la comparación con otros. Un hombre que se aprueba a sí mismo no necesita ganarle a nadie. Para ver cómo se construye esa base, lee sobre masculinidad auténtica.
Izahí recuerda una frase antigua sobre la libertad: «más vale una hora de vida libre que cuarenta años de vida esclava». Y aclara que eso incluye la esclavitud a tus propios miedos e inseguridades. Puedes vivir solo, ganar tu dinero y seguir encarcelado a lo que opinen otros. Esa segunda libertad, la mental, es la más profunda.
En resumen:
- La única aprobación que vale la pena es la tuya; la gente te trata como tú te percibes.
- Querer caer bien te hace caer mal; la comodidad contigo es lo que atrae.
- «La gente» que te juzga casi nunca tiene nombre: ponle cara y desaparece.
- Se rompe con evidencia: opiniones propias, límites pequeños y práctica en lugares nuevos.
- Mejorarte no es egoísmo: es lo que más le sirve a los que quieres.
Preguntas frecuentes
¿Cómo dejo de buscar aprobación?
Cambiando de juez: la única aprobación que vale la pena es la tuya. En la práctica se logra dando opiniones propias, poniendo límites pequeños y acumulando experiencias donde actúas sin esperar que todos estén de acuerdo.
¿Cómo dejar de importarme lo que piensen los demás?
Pregúntate quién es exactamente «la gente» que te juzga y qué ventaja te da preocuparte por ella. Casi siempre son desconocidos que te olvidan en minutos, y el costo de complacerlos son días de tu propia vida.
¿Por qué siento necesidad de aprobación?
Muchos aprendimos de niños que dar gusto traía cariño, y seguimos operando así de adultos. Se corrige construyendo una autoestima que no dependa de afuera: cumplir tu palabra contigo todos los días.
¿Dejar de buscar aprobación me hace egoísta?
No. Puedes escuchar a quien te importa y aun así decidir tú. Renunciar a tu crecimiento por el qué dirán no ayuda a nadie; mejorarte es lo que más le sirve a tu familia y a tu pareja.
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Sobre el autor. Izahí Santana (Master Santana) es el creador de ManLab Project, un sistema de entrenamiento conductual para hombres hispanohablantes, y autor de libros como Sé Ese Tipo de Hombre, Tú No Eres Tu Mente y El Hombre Social. Imparte talleres presenciales en Latinoamérica y dirige el Reto 100 de 100.
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